REFLEXIONES SOBRE UNA NIÑA
Cuando miro tu inocencia, hijita mía,
y contemplo en tus pupilas el candor,
me entristece imaginar que vendrá el día
que conozcas la amargura y el dolor.
Cuando me haces en el rostro una caricia,
saturada de cariños y bondad,
sé que pronto has de advertir la gran la malicia,
que se mueve en este mundo de maldad.
Cuando ríes, por tus constantes travesuras
y en tu rostro miro sólo la nobleza,
pienso entonces, saturado de tristeza,
que el mañana te depara su amargura.
¡Ojalá que en esta vida no dejaras
la tibieza de mi amor dulce y paterno!,
¡ojalá que tú niñez nunca escapara,
¡convirtiéndose en un lapso siempre eterno!
¡Ojalá nunca cesaran tus locuras,
esos juegos, de los cuales, siempre río!;
¡ojalá que en todo tiempo fueran míos,
esos besos inocentes de ternura!.
Ojalá que yo pudiese estar contigo
para siempre y consagrarme a ti en amparo,
ojalá no conocieses desamparo
y tuvieras el apoyo de un amigo.
Mas la vida, es pasajera, transitoria,
es un paso temporal el existir;
mi recuerdo guardarás en tu memoria
perdurando en tu existencia hasta el morir.
Por las noches, cuando duermes dulce, en paz,
en silencio, tus facciones escudriño;
Hay, en ellas, la dulzura de los niños,
que aunque sufren, no decrece fiel jamás.
Cuando miro tu inocencia, hijita mía,
y contemplo en tus pupilas el candor,
me entristece imaginar que vendrá el día
que conozcas, la tristeza y el dolor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario