MI ADIOS A MARIA LUISA
María Luisa: Dulce amor de mi existencia,
ninfa grata que amé tanto en el pasado,
¿es que acaso tú no escuchas la impaciencia
de mis voces y su acento contristado?.
Cuando duermo agonizando aquí en mi lecho
y la noche se prolonga triste y mustia,
yo quisiera fusionar tu alma a mi pecho
y que juntos compartiéramos la angustia.
¡Cuánta paz hay en la noche!, ¡cuánta calma
se desprende de este cielo que yo miro!,
¡tan serena está la noche, que del alma
puede oírse la nostalgia de un suspiro!.
Es irónico el amor que en mí rebosa,
porque amo a una mujer que no me quiere,
más aquella que mi amor loca prefiere
me parece su cariño poca cosa.
Lo que digo, lo dijeron ya otra gentes,
gentes nobles, como son tantos poetas,
¡que han vertido en la tristeza de sus letras
diez mil lágrimas oníricas, ardientes!.
¿Por qué das a mis pasiones tanto olvido
y le niegas a mi vida tu presencia?;
porque muero, consumido por tu ausencia
y se pierde en mí la paz que había tenido.
¿Por qué muestras tus desprecios con desdenes,
señalando que tu amor en mí es prohibido?,
porque muero de impaciencia, mas no vienes
y mis ojos, por llorarte, he consumido.
¿No te afliges al mirarme en infortunio,
sujetado a la tristeza de mi llanto?,
¿No recuerdas que en un mes sutil de junio
prometimos adorarnos tanto, tanto?.
¿No recuerdas que soñamos con un hijo,
que me amaste con ardor en algún día,
que por ti la pertinaz melancolía
se me hundió como un candente clavo fijo?
No deseo ya más vivir en esta vida
de congojas y de tanto sufrimiento,
donde mi alma, trastornada y afligida
es estéril, como un breve pensamiento.
AUTOR: ALBERTO ANGEL PEDRO (ALÁN EVANGELISTA)
No hay comentarios:
Publicar un comentario