sábado, 11 de septiembre de 2010

LA OSCURA CIUDAD (POEMA A LA CIUDAD DE MÉXICO)

¿Logran ver aquella trágica ciudad?,
¿la grotesca urbe de hierro, allá a lo lejos?;
hubo un tiempo en que su cielo fue un espejo,
sus lagunas fueron mantos de cristal.

La gran tierra de Tenoch, de estirpe azteca,
la ciudad que gobernara Moctezuma,
hoy se asfixia con los gases que defeca,
nada hoy queda de aquel mar de blanca espuma.

Poco a poco, la ciudad se fue expandiendo,
sin haber demarcación en su estructura;
Sus lagunas, la ciudad las fue perdiendo,
entre el humo y el hedor de la basura.

Las encinas, los cipreses y conventos,
con apremio fueron pronto derribados,
dando paso a condominios de cemento,
de varillas y cristales empañados.

No hay lugar en el que salvo alguien hoy se halle,
pues es norma cotidiana aquí el secuestro,
la violencia que se vive en toda calle
es su signo paradójico y siniestro.

El smog es el que impera todo el día,
y las marchas causan tráfico y conflictos;
por las calles pueden verse drogadictos,
además de su corrupta policía.

No hay amor, ni existe fe
en sus viles ciudadanos,
no hay ninguno que a su hermano
compasiva ayuda de.

Aquí todo tiene precio hasta el amor
y el futuro de los hombres es siniestro;
en los barrios, la violencia y el dolor,
son dos cosas que llamamos: “El pan nuestro”

Hoy tus barrios, ¡oh mefítica ciudad!,
Están llenos de personas disolutas;
tus callejas son burdel de prostitutas
que se entregan al exceso y la maldad.

¿En dónde quedaron tus verdes tesoros?,
¿Tus floridos huertos repletos de fresas?,
¿Las aves preciosas, de cantos sonoros?,
¿En dónde el palacio de indianas princesas?.

¿En dónde la fuente opalina,
morada por ninfas ondinas?,
¿En dónde las frágiles selvas
vestidas de luz y de hierbas?,
¿En dónde las verdes higueras,
las crueles y rápidas fieras?.

¿Qué fue de tus cielos bordados de lis,
de aquellos lacustres y oníricos lagos?,
… recuerdos tan sólo, reflejos tan vagos,
de aquella ágil urbe que aspira humo gris.

Observen perplejos la tierra ancestral,
que en tiempos remotos lució alba a lo lejos,
vistiendo sus cielos los claros reflejos
de aquellos colores que forja el cristal.

AUTOR: ALBERTO ANGEL PEDRO (ALÁN EVANGELISTA)

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