Como el agua de un arroyo cristalino,
de igual modo es la existencia de los hombres:
un momento en que escribimos nuestros nombres
para darle vida y formas al destino.
¡Qué pequeña nuestra vida es al nacer,
es minúscula y se escurre presurosa!,
como el pétalo marchito de una rosa,
que jamás a su botón ha de volver.
El transcurso de los tiempos es un brugo
que nos sorbe extraordinario el vital jugo.
Nuestra vida es, en esencia, pasajera,
¡que más bien que ser verdad es cruel quimera!.
Hoy, el hombre, busca enérgico el poder,
Y la gloria que en el mundo audaz retumba,
no comprende que su fin está en la tumba,
¡porque es polvo y a ese polvo ha de volver!.
Su existencia espiritual se ha corrompido,
pues su vida a la ambición él ha entregado,
las riquezas como un dios ha atesorado,
mas del pobre no se siente conmovido.
No comprende que este mundo es de ficción,
que nos llena de tristeza y aflicción.
No es consciente que la vida es transitoria,
pues el mundo no precisa de nosotros.
Si fallece, su lugar lo ocupan otros
y Dios pone en el olvido su memoria.
¿De qué sirven las riquezas, hombre vano,
la locura de tu atroz materialismo,
si la vida se evapora entre tus manos,
si te pierdes en el fondo de un abismo?.
¿A qué ha sido entonces el hombre venido
al triste escenario que él llama “La vida”?,
¿A ver que su historia es cubierta de olvido?;
¿a ser un errante y una alma olvidada?,
¿A ver como su alma es al mal entregada
y al triste tormento del hades vendida?.
AUTOR: ALBERTO ANGEL PEDRO (ALÁN EVANGELISTA)
No hay comentarios:
Publicar un comentario